Mitos sobre los problemas de pareja

Los mitos sobre las relaciones de pareja se basan en creencias y pasan por alto la realidad quedando anclados a la fantasía. El asunto que nos ocupa, el de los mitos de pareja, pueden, y de hecho lo hacen, deteriorar mucho la relación hasta el punto de llegar a destruirla. De este modo, el psicólogo que se encarga de los problemas de pareja en muchas ocasiones se enfrenta a la tarea de encontrar y desmontar estos mitos que tienen ambas partes de la pareja. De no modificarlos, las personas que mantienen estas creencias tenderán a repetir los conflictos hasta en nuevas relaciones.

Algunos de los mitos de pareja más recurrentes que se encuentran en la literatura científica sobre la terapia de pareja son los siguientes:

«Me llevo bien con mi pareja porque estoy enamorado… cuando desaparezca el amor aparecerán los conflictos»

Al comienzo de las relaciones de pareja todo es idílico, aunque eso no significa que no haya problemas ni conflictos. Porque los hay. Al principio del romance se pasan por alto una alta cantidad de comportamientos que por diferentes motivos no se advierte de ellos a la pareja o uno mismo, o una misma, los tolera por la fase de enamoramiento en la que se encuentra. Eso se va enquistando y se empieza a tolerar menos con la consecuente supuesta aparición de conflictos. Sin embargo, hay parejas que desde el primer momento tienen conflictos y presumiblemente hay amor. La estadística personal nos lleva a tomar los ejemplos que confirman nuestras hipótesis. Aun así, se deja la responsabilidad de los problemas de pareja en el agotamiento amoroso en lugar de en la falta de actividad comunicativa de los ya “no enamorados”.

«El amor es para siempre y no tiene límites»

Como podemos observar, el mito anterior se contradice con el actual. Si el amor es para siempre nunca debería desaparecer y, por tanto, no deberían de aparecer conflictos. Es sencillo encontrarse con este tipo de contradicciones al igual que sucede con los refranes. De manera aislada se pueden tomar como ciertos hasta que le enfrentas a su opuesto y pierde su veracidad universal. En este caso, como en otros, habrá que definir o delimitar lo que es el amor, lo que significa “siempre” y delimitar los límites (valga la redundancia).

«Las parejas felices no discuten nunca»

Antes de nada, como sucede en el mito anterior, tenemos que hacernos una pregunta: ¿Qué es una pareja feliz? Una vez que tengamos una respuesta deberemos fijar un criterio en base a ella que puede ser tan variado como parejas haya. Otra tarea, concretar y matizar lo que significa la afirmación: “No discutir nunca”. Parece presuponerse que las discusiones no existen. En ese caso, ¿esto realmente significa ser feliz? Según un criterio de realidad, ¿es cierto que no discuten nunca las parejas felices?

«Los conflictos irresolubles suelen arruinar a una pareja»

¿Qué es un conflicto irresoluble? ¿Educación de los hijos? ¿De qué color pintar la casa? Para llegar a acuerdos se requiere de comunicación y consenso. Saber hacer esto ayuda en la relación y en los problemas de pareja. Una característica de personalidad que denote rigidez (que se aclara en otro mito más abajo) en algún miembro de la pareja tendrá más probabilidad de convertir los conflictos en irresolubles. En ausencia de tal característica puede no resolverse y continuar con una sana relación de pareja.

«El amor lo puede todo ya que ningún obstáculo es de envergadura suficiente para interponerse a un verdadero amor»

Como se puede apreciar este mito es muy similar a otros vistos anteriormente, ya que la mayoría versan sobre el amor y la fantasía del mismo. Como si de una fuerza mágica se tratase, el amor lo hace todo y la pareja no tiene que hacer nada. Además, no se toman en cuenta los posibles hechos que puedan interponerse, aunque sea “un verdadero amor”. ¿Qué envergadura es suficiente? ¿Cómo es un verdadero amor? Otra vez sin un criterio que delimite las variables concluimos que si un obstáculo se interpone no es un verdadero amor…

«Si mi pareja no hace lo que a mí me gusta es porque no me quiere»

La esclavitud se abolió hace siglos, oficialmente. Metafóricamente se hace alusión al amor en estos términos, ahora bien, ¿puede haber más motivos por los cuales tu pareja no haga lo que te gusta? ¿A qué nos referimos? Los gustos son gustos y no tienen relación con el cariño. Habrá situaciones en las que se cederá y otras en las que no llegando a un consenso, sin que implique una falta de querer.

«Sin el amor de mi pareja no soy nada»

La persona que sostiene este mito puede llegar a arrastrar varios problemas comórbidos como la inseguridad y la dependencia psicológica. Por ello, siente que no es nada sin una persona que le ame. El psicólogo tendrá en cuenta los problemas de baja autoestima y de personalidad que presenten los miembros de la pareja. También puede suceder que este pensamiento se presente sin tener pareja y el deseo de “tener” una.

«Con el tiempo se arreglará todo… ya que al final terminaremos queriéndonos»

Lo primordial en esta creencia sobre los problemas de pareja es la alusión a otra creencia muy extendida que versa sobre la capacidad curativa que tiene el transcurso del tiempo en los problemas que podamos vivir o sufrir las personas y de cómo sin que tengamos que hacer nada para remediar el hecho en cuestión éste se solucionará llegando a la conclusión de que al final acabaremos por querernos. Nos encontramos en una situación en la que todo queda en manos de cualquiera menos de nosotros mismos. La clave es que se recurre a una distorsión cognitiva de pensamiento mágico y a un locus de control externo con atribuciones externas por las cuales la persona implicada no tiene que molestarse por nada porque la otra persona lo hará, en la que recae la responsabilidad del cambio, o en algo que no depende de nadie como es el tiempo. Y porque sí, será así.

«Yo soy así y no tengo por qué cambiar, es poco natural comportarse de otra manera… sale de dentro… no se aprende»

Este mito está incluido en los problemas de pareja, aunque puede suceder en cualquier tipo de relación y ambiente. La rigidez psicológica como característica de personalidad, mental o comportamental, provoca que ciertas personas no vean sus fallos o no muestren empatía y lleva a una situación en la que no quieren hacer un cambio para mejorar la misma con la persona implicada. Son los demás, la pareja en este caso, los que tienen que cambiar. Utilizan argumentos falaces como que es poco natural actuar de forma distinta a como ya se comportan. También que los comportamientos no se aprenden, salen del corazón. Estas personas pueden no saberlo o sí, (muchas lo saben, pero las características anteriores hacen que no quieran admitir su comportamiento, su fallo) que los comportamientos se aprenden. Y lo que sale de lo más profundo de nuestro ser llegó a salir porque se aprendió. Si bien es cierto que un mínimo de comportamientos puede haber sido “innato”, no es el caso en lo que respecta a este mito y situación.

El plato fuerte lo dejamos para el final. Haciendo memoria uno puede recordar haber oído esta frase en algún momento en su entorno o en la televisión. Sin más, el último mito de este artículo.

«Cuando tengamos hijos se resolverán nuestros problemas»

Es muy habitual oír esta creencia en la sociedad. Parejas con problemas creen que los mismos desaparecerán cuando tengan un hijo. Tal vez por otra creencia, que dicho acontecimiento les unirá más aún. Tener un hijo claro que une, pero eso no es un hecho mágico que borra todos los problemas anteriores y pone el contador a cero. Nada más lejos de la realidad. En una situación como la que nos ocupa, el hecho de tener un hijo puede llegar a tener peores consecuencias de las que ya se están viviendo. Suma y agrega más agentes, hace que la ecuación tenga más miembros. El tener un hijo (teniendo una hija sucede lo mismo) es una aventura llena de retos nuevos y riesgos. La comunicación es importantísima aquí, como en prácticamente todas las situaciones. Si anteriormente no resolvíais vuestros problemas, la fantasía del cuento de hadas no hará que veáis que por lo que discutíais era una tontería. Además, surgirán nuevos problemas debido al nuevo retoño. Puntos de vista, comportamientos, crianza, educación, y una larga lista que sin comunicación y consenso acrecentará los problemas ya existentes.

Estos mitos son solo una muestra muy pequeña de la infinidad de ellos que rompen parejas en base a una creencia popular. Muchas de ellas se ven acusadas por distorsiones cognitivas individuales que en consulta el psicólogo, a través de la reestructuración cognitiva, tiene que modificar para obtener un pensamiento más acorde con la realidad y, poder así, revertir los problemas de pareja.

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